Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto.                                                                                     Aristóteles.

Hace unos días mi hijo mediano (casi 4 años) llegó a casa del cole y me contó que una profesora lo había castigado en la silla de pensar,
… en ese momento pensé: ” Uhmmm, esto no me va a gustar nada”.

 
Entonces intenté averiguar qué es lo que había pasado,
 
(yo) – Y… ¿qué paso para que te castigaran?
(él) – No se…. (En este punto aclarar que puede que sí lo supiera pero que no le apetecía mucho contestar….)
(yo) – y… ¿qué pensaste en la silla de pensar?
(él) – No se… (seguro que cualquier cosa menos lo qué había hecho para que lo castigaran…)
 
Antes de nada quiero aclarar que no voy a defender si mi hijo se portó bien o mal, que seguramente hizo algo, es un simple ejemplo introductorio, sino el método poco educativo empleado para corregir un comportamiento.
 
La silla de pensar es un método conductista para intentar eliminar una conducta y estos métodos están bien para adiestrar, entrenar… pero creo que como padres lo que queremos es educar… sino en vez de hijos mejor tener perritos. En este tipo de castigo, se considera que el niño/a puede reflexionar y pensar en lo que ha hecho él solo, pero para poder pensar en ello hemos de acompañarle y guiarle, esa es nuestra tarea y no la de la silla.
Pero claro, si le acompañamos y le guiamos ayudándole a reflexionar ya no tiene tanta pinta de castigo, ¿no? y la creencia popular nos dirá que somos unos blandos y que de esta forma se nos subirá a las barbas el pequeño tirano niño/a. Con lo cual la silla se utiliza para que el niño/a se porte bien para evitar un castigo y no porque realmente haya comprendido porque su comportamiento no es adecuado.El resultado de aplicar este tipo de métodos es someter a los niños/as a nuestra voluntad, establecer con ellos una relación de poder, no educar niños/as que piensen por ellos mismos, por mucho que la silla se le mal llame silla de pensar, para ello la deberían utilizar adulto y niño/a conjuntamente. El peligro de utilizar metodologías conductistas es que creamos niños/as sumisos que se convertirán por un lado en adultos sumisos (ante alguien que muestre mayor poder) y adultos que sometan (a aquellos que supuestamente están por debajo). Y son, este tipo de relaciones las que se deberían erradicar. No creo que nadie quiera que su hijo/a se convierta en una persona sumisa, en una persona subyugada, dominada… ni tampoco que sea quien domine a otros…
Además de todos estos aspectos negativos en cuanto al método en si, hay otros aspectos negativos que afectan al desarrollo emocional. El niño/a en la silla de pensar el mensaje que capta es que lo apartamos de nosotros, no le queremos, lo asilamos, lo dejamos solo. Además lo normal es que el pequeño se encuentra enfadado, y ellos al igual que los adultos cuando estamos enfadados no pensamos con claridad. Es precisamente en ese momento de enfado, rabieta cuando más debemos acompañarle. Sentado él solo en una silla su enojo, su frustración aumentará con lo cual le dificultará todavía más pensar en lo que ha hecho y le será mucho más difícil calmarse.
 
Es mucho más efectivo y más educativo utilizar otros métodos que presten atención a los procesos mentales, a las emociones… que busquen empatizar con el pequeño. Normalmente cuando castigamos con este tipo de métodos conductistas lo que refleja es una falta de recursos y paciencia por nuestra parte. 
 
Te pongo un ejemplo, ante un niño/a que no atiende y está molestando en la hora del cuento hay dos opciones:
La primera llamarle la atención para que atienda, si no lo hace tras llamarle la atención 4 veces se le manda a la silla de pensar (o el castigo que se ponga).
La segunda tras llamarle la atención se le explica que si no atiende no podrá estar con el resto porque su comportamiento hace que sus compañeros no puedan escuchar el cuento y que tendrá que colocarse en otro sitio ya que no quiere escuchar el cuento. De esta forma se le está explicando que su comportamiento no es adecuado y que si elige continuar así tendrá una consecuencia natural. El hecho de que el niño/a sienta que puede elegir y no se le impone es una buena manera de conseguir cambios en el comportamiento o evitar ciertos comportamientos,  ¿a nosotros como adultos nos gusta que nos impongan o que nos den a elegir?… pues eso.
 
Con las rabietas ocurre igual, si en el momento de mayor frustración, enojo y ansiedad por parte del niño/a lo apartamos de nosotros lo único que conseguimos es dejarle solo son un montón de sentimientos que no sabe gestionar. Es mucho más efectivo calmarle, los abrazos siempre funcionan y no significan que aprobamos su mal comportamiento sino que estamos a su lado pese a que no nos guste como se comporta. Porque hay una diferencia muy importante que hay que transmitir a los niños, cuando se portan mal lo que no nos gusta o no queremos es su comportamiento no a ellos.
 
¿Qué opinas de la silla de pensar y los métodos conductistas? puedes compartir tus opiniones o tu experiencia en los comentarios o pinchando en los botones en las RRSS.
 

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