Uno de mis escritores favoritos ha sido siempre José Saramago. El otro día en la biblioteca encontré un libro de él para niños. La Flor más grande del mundo.

Imposible no reseñarlo, tenía que estar en #loslunesleemos y más todavía porque hoy se cumplen 8 años de su muerte.

José Saramago tenía un estilo narrativo que me engancha completamente. Intento buscar palabras para describirlo pero cualquier cosa que diga no le haría justicia. Más que leerle parece que estuvieras escuchando sus pensamientos. Un estilo fluido y anárquico.

No podía ser menos en este cuento y aunque empieza diciendo que él no sabe escribir historias para niños, la historia que nos cuenta además de ser bonita y entrañable se aleja completamente de la narrativa típica infantil, lo que favorece que los niños puedan escuchar o leer un estilo nuevo pero perfectamente entendible.

Cuenta la historia de un niño que un día decide alejarse de lo conocido y recorrer el mundo. Pero se encuentra una flor marchita y hace lo imposible por salvarla.

Una historia para trabajar la empatía, el esfuerzo, la generosidad.

Es una historia para niños pero que los adultos no deberíamos perder de vista. Los valores que les enseñamos a los niños, ¿los enseñamos de palabra solo o también con nuestro ejemplo?

¿Y si las historias para niños fueran lectura obligada para los adultos?

¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde hace tanto tiempo, venimos enseñando?

Al final de la historia Saramago nos propone un desafío y para ello André Letria y la Fundación José Saramago nos dejan unas sugerencias para que sirvan de punto de partida para que las flores más grandes del mundo sean nuestras.

Son actividades, que tomando de punto de partida las flores, ofrecen la posibilidad de que el niño investigue sobre sus raíces, sobre sí mismo, el mundo que le rodea… Ideas muy potentes para poner en práctica y sacarle mucho mucho jugo.

Ahora que vamos a empezar las vacaciones puede ser un momento fantástico para ponerlas en práctica.

little nana